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PROFETAS ANCESTRALES

Los predicadores de fin de siglo se consideran depositarios de una fraternidad que domina conocimientos secretos, capaces de ejercer poderes asombrosos y realizar maravillosas curaciones.

Afirman ser reencarnaciones de viejos maestros, budas de la actualidad.   Pretenden ser portadores de un renovador mensaje.  Un nuevo modo de entender la vida, el amor y la ayuda al prójimo. Difunden intrincados sistemas para acceder a la verdad, el bien y la libertad. Promueven una fraternidad humana que se funda y justifica en el panteísmo.

Al acercarse el fin del milenio, anuncian el derrumbamiento de las cosmogonías dominantes. Estos profetas, iluminados y elegidos, difunden curiosas supersticiones respecto de la verdadera historia de la humanidad. Hablan de enseñanzas ocultas y maravillosas, de mentalismos que liberan al hombre de la postración y los vicios asentados en las viejas religiones e iglesias tradicionales; predican el estado de paz y nueva espiritualidad que la humanidad debe adoptar.

Hablan del fin de la era cristiana, a la que definen como era de piscis. Se autoestiman como los elegidos que harán posible la inminente era de acuario.

Estos profetas surgen a manera de maestros, gurús, mediums, chamanes, pseudofilósofos, pseudopsicólogos y pseudomédicos, que dominan los misterios y las prácticas del esoterismo. 

Dentro de su panteismo, afirman que todo lo existente se identifica con lo divino, desechando la distinción entre creador y creaturas.  Predican la reencarnación; negando la resurrección.  Entienden al mundo y al cosmos como gobernado por fuerzas cíclicas y energías ocultas.

Impresionan a muchos cuando dicen fundarse en principios de la ciencia.  Si bien por lo general no son capaces de demostrarlo, pues carecen de evidencias y demostraciones probatorias.

Los discípulos no sólo son los hombres ignorantes como en antaño.  Impactan ahora, incluso, a individuos relativamente informados y creyentes, quienes abandonan la doctrina, refugiándose en verdades intuitivas.

Extrayendo sus conceptos de un pasado lejano, estos profetas diluyen en las sociedades un renovado paganismo, que reincerta conceptos prehistóricos que en la civilización contemporánea parecían superados.  Yerguen fetiches de piedra y metal.  Convocan a adoraciones tumultuarias en riscos y pirámides. Se dicen dominadores de la magia, hacedores de prodigios y hechicería.  Y a la manera de vetustas sociedades, los miembros de este nuevo clero pretenden ser tenidos como dioses vivientes y depositarios de la verdad misteriosa.

Este fenómeno que aparece como novedoso, nos conduce a la interrogante de si la New Age no es sino una nueva forma de pesimismo generalizado, que ante los cambios acelerados de la civilización y los efectos de la modernidad, conduce a los hombres a  refugiarse en el esceptisismo y el gnostisismo, de lo que podría entenderse como una vuelta al pasado, a los viejos modos... al Old Age.

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